jueves, 5 de mayo de 2011

¿Cuánto ve el recién nacido?

Es una pregunta que nos hacemos siempre, existen muchos mitos alrededor de esa respuesta, pero el siguiente artículo nos trata de aclarar un poco el panorama al respecto.



Los bebés al nacer tienen los ojos muy abiertos, como si quisieran captar todo el mundo nuevo que acaba de aparecer ante sus ojos por primera vez. Sin embargo, no ven prácticamente nada. Vamos a analizar cuánto ven los recién nacidos, y cuál es la evolución de su capacidad visualdurante los primeros meses de vida.
Tras esos primeros instantes de vida con los ojos tremendamente abiertos, es habitual que los bebés recién nacidos mantienen los ojos cerrados la mayor parte del tiempo. No debemos alarmarnos, pues no tiene relación con defectos de visión. Desde el primer momento el bebé puede ver, aunque la zona central de la retina no esta todavía desarrollada y su visión sea limitada.
El recién nacido puede percibir cambios en la intensidad de la luz (percibe destellos, reflejos, cuando una luz se enciende desde la oscuridad total…) y puede fijar puntos de contraste.
Podemos ver su reflejo de orientación: el bebé girará la cabeza hacia el foco de luminosidad (excepto si es tan intenso que le molesta, como nos molestaría a los adultos). También el reflejo fotomotor, que consiste en que las pupilas se contraen cuando son iluminadas. El recién nacido es capaz de ver objetos en una extensión de 20 a 30 centímetros y probablemente en una escala de blanco, negro y grises.
Uno de los primeros estímulos visuales que el neonato será capaz de interpretar es el rostro de la madre. Además, comenzará a asociar ese rostro a una serie de sensaciones que le podemos hacer placenteras: la voz, el tacto, las caricias, el calor, la saciedad del hambre…
A las dos semanas de edad muestra interés por los objetos alargados y contrastados con el fondo, es decir, diferenciados en cuanto a color y luminosidad. El rostro humano reúne estas características, por ello se fijará especialmente en las caras de los que le rodean. Y, dentro del rostro humano, el bebé tiende a fijarse más en la zona que rodea a los ojos.
Se piensa que uno de los colores que más le atrae en estas primeras semanas de vida, tal vez porque sea de los primeros que empieza a discernir, es el rojo. Como en estos momentos no alcanza a ver con claridad, es habitual que cruce los ojos en una mirada estrábica que viene y desaparece enseguida, ya que no puede enfocar los dos ojos al tiempo en el mismo lugar.
Hacia el final del primer mes de vida, el bebé comenzará a mostrar un cierto interés por el entorno, aunque su atención se circunscribe a un radio muy limitado y durante muy cortos periodos de tiempo.

Hacia los dos meses de vida (8-10 semanas) puede seguir un objeto en lento movimiento a una distancia de 30-60 centímetros en un arco de 180 grados. Si antes se podían centrar en objetos difusos, ahora podrán percibir el contorno de los mismos. Además este progreso se acompaña de un mayor control de la cabeza asociado a un fortalecimiento muscular.
A partir de las 10 semanas se produce un avance notable en la capacidad visual del bebé que fácilmente pueden comprobar sus padres: descubre sus manos. Es porque ahora es capaz de percibir bastante bien los detalles más pequeños, y puede enfocar casi a cualquier distancia.
Además ya puede abrir y cerrar las manos, dirigirlas hacia un objeto y golpearlo, y se inicia el perfeccionamiento de la coordinación ojo-mano. Por ello puede pasar largos ratos moviendo y observando sus manos. Pronto descubrirá su utilidad para manipular su entorno.
Entre los tres y los cuatro meses el aumento del control muscular del ojo le permite al bebé seguir objetos, y el incremento en la agudeza visual le permite discriminar los objetos a partir de fondos con un mínimo contraste (como un botón en una blusa del mismo color).
Entre los cuatro y seis meses la visión del color se desarrolla. Reconoce objetos y los busca con la mirada, es capaz de ver a más distancia.
A partir de los siete meses, puede mirar fijamente objetos pequeños y empieza a tener una percepción de la profundidad. Puede ver todos los colores y poco a poco será capaz de seguir objetos que se mueven a mayor velocidad.
En definitiva, a través de la mirada se establece el principal intercambio entre el bebé y su entorno, empezando por los padres, pero la visión es el sentido menos desarrollado en el recién nacido. Por ello requiere un proceso de adaptación y aprendizaje que hemos intentado resumir.


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